Elegir el nombre de un negocio suele ser uno de los momentos más ilusionantes para cualquier emprendedor. Después llegan el logotipo, la página web, las redes sociales o el diseño de la imagen corporativa. Sin embargo, hay un paso que muchas personas dejan para el final —o simplemente pasan por alto—: comprobar si esa marca puede utilizarse y registrarla.
Cada año, numerosas empresas se ven obligadas a cambiar de nombre después de haber invertido tiempo y dinero en darlo a conocer. En otros casos, descubren que otra empresa ya tiene registrados derechos sobre una marca muy similar o reciben un requerimiento para dejar de utilizarla. Son situaciones que pueden evitarse con una planificación adecuada antes del lanzamiento.
Registrar una marca no es lo mismo que crear una empresa
Uno de los errores más habituales es pensar que constituir una sociedad o darse de alta como autónomo otorga automáticamente el derecho a utilizar un nombre comercial.
En realidad, son trámites distintos.
Inscribir una sociedad en el Registro Mercantil protege la denominación social de esa empresa, pero no implica que la marca pueda utilizarse para comercializar productos o servicios. Esa protección corresponde al registro de marcas, gestionado en España por la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM).
Por este motivo, es posible que una empresa tenga una denominación social y comercialice sus productos bajo una marca completamente diferente.
Antes de elegir un nombre conviene comprobar si ya existe
Una de las primeras comprobaciones debería consistir en verificar si la marca que se quiere utilizar ya está registrada.
La OEPM ofrece un buscador público que permite consultar las marcas nacionales existentes, mientras que la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO) dispone de una base de datos para las marcas de la Unión Europea.
Esta búsqueda resulta especialmente útil porque no solo permite detectar coincidencias exactas, sino también nombres similares que podrían generar conflictos por riesgo de confusión.
No basta con que el dominio de internet esté libre
Encontrar disponible un dominio «.es» o «.com» no significa que la marca pueda utilizarse sin problemas.
Lo mismo ocurre con los perfiles en redes sociales. Que un nombre esté libre en Instagram, TikTok o LinkedIn no garantiza que otra empresa no tenga derechos registrados sobre esa denominación.
Antes de invertir en una página web, material publicitario o campañas de lanzamiento, conviene comprobar que la marca puede utilizarse legalmente.
Elegir correctamente las clases de productos y servicios
El registro de una marca no protege todas las actividades por igual.
Las marcas se inscriben para determinadas clases de productos o servicios, siguiendo la Clasificación Internacional de Niza. Actualmente existen 45 clases, de las cuales 34 corresponden a productos y 11 a servicios.
Por ejemplo, una marca registrada para servicios de asesoría no queda automáticamente protegida para la fabricación de ropa o productos de alimentación.
Por eso, uno de los aspectos más importantes es identificar correctamente la actividad que va a desarrollar el negocio y seleccionar las clases adecuadas desde el principio.
El logotipo también puede protegerse
Muchas empresas registran únicamente el nombre y dejan fuera otros elementos de su identidad visual.
Sin embargo, la normativa permite proteger tanto marcas denominativas (el nombre) como marcas figurativas, que incluyen logotipos, diseños o combinaciones de ambos.
La elección dependerá de la estrategia de cada empresa y de la importancia que tenga la imagen gráfica dentro de su actividad.
¿Qué ocurre si otra empresa utiliza una marca parecida?
Uno de los principales objetivos del registro es evitar que terceros puedan utilizar signos idénticos o similares cuando exista riesgo de confusión para los consumidores.
Si la marca está registrada, su titular dispone de herramientas legales para oponerse al registro de nuevas marcas similares o, en determinados casos, exigir el cese de usos que puedan vulnerar sus derechos.
Por el contrario, cuando una empresa utiliza una marca sin haberla registrado, su capacidad de protección suele ser mucho más limitada.
La protección también puede ampliarse a otros países
Cada vez son más las pequeñas empresas que venden fuera de España desde sus primeros años de actividad.
En estos casos, puede resultar conveniente valorar otras modalidades de protección, como la marca de la Unión Europea, válida en todos los Estados miembros, o el registro internacional previsto por el Sistema de Madrid para determinados países.
La elección dependerá del mercado al que se dirija el negocio y de sus previsiones de crecimiento.
Esperar demasiado puede salir caro
No son pocos los casos de empresas que lanzan su actividad, invierten en publicidad, rotulación, embalajes o posicionamiento online y descubren meses después que no pueden seguir utilizando el nombre elegido.
Cambiar una marca cuando el negocio ya está en funcionamiento implica modificar documentación, soportes publicitarios, perfiles digitales, dominios y, en muchos casos, volver a construir la identidad de la empresa desde cero.
Realizar las comprobaciones antes del lanzamiento suele ser mucho más sencillo y económico.
Si existen dudas sobre la disponibilidad de una marca, el procedimiento de registro o la mejor forma de protegerla según la actividad prevista, contar con asesoramiento jurídico especializado permite analizar cada caso y afrontar el lanzamiento del negocio con mayores garantías.
